Varleiva. Perico, el último gran nueve peruano
Fue un ídolo popularísimo durante los últimos años, aportando su valioso concurso en Alianza Lima y las selecciones nacionales. Dotado de excepcionales cualidades para la práctica del fútbol, Perico León exhibió su arte a través de 16 temporadas; luciéndose en partidos memorables y generando entre los hinchas un éxtasis jubiloso. Sus fintas extravagantes, el pase preciso o sus clásicas "matadas" de la pelota con el pecho lo convirtieron en el astro indiscutido de los planteles aliancistas.
Goleador nato por excelencia. Aun en sus tardes flojas, los críticos resaltaron siempre su caridad y positivismo. Eslabonando recuerdos nos llega ahora la firme convicción de que era un jugador genial. Con su picardía innata y una inteligencia extraordinaria pudo encontrar metas jamás soñadas, encumbrándose en el pedestal de la fama con su gambeta y goles espectaculares.
Pero valgan verdades. No faltaron los episodios censurables en la vida deportiva de este ariete del conjunto victoriano. Como ascendió joven al círculo privilegiado, tuvo deslices impropios de un futbolista profesional. Fue deslumbrado por los oropeles de la vanidad y en tales condiciones protagonizó hechos desagradables. Como que del mismo ejército escapó en dos oportunidades. Pero al fin y al cabo la disciplina militar influyó mucho en su comportamiento.
Su cartel de crack lo fue cimentando en las callejuelas polvorientas de su barriada de Lince. Allí jugó encuentros callejeros interrumpidos sólo por la presencia del guardia esquinero. De lo contrario, esas pugnas se tornaron interminables con el bullicio de la "patota', coreando el gol o protestando porque la pelota pasó por encima del arco de latas.
Cuando tenía 12 años, se propuso triunfar en el popular deporte. Y en el potrero del suburbio iba aprendiendo los secretos del fútbol. Nada dejó de asimilar en el kindergarten balompedístico; familiarizándose con el requiebro y la cundería criolla para batir a los arqueros adversarios. En la universidad de los baldíos se doctoró en el arte difícil del dribling y el cabezazo oportuno.
En el equipo superior de los “íntimos” jugaba su hermano Miguel León. Era todo un crack con la pelota. Un número 9 gambeteador y sagaz para el desmarque y con visión de gol. Le vaticinaron muchos éxitos, pero la profecía no se cristalizó por una dolencia física que finalmente lo hizo alejarse de los campos. Se perdió un player que pudo llegar lejos...
Perico León ingresó al infantil de Alianza Lima para conquistar los halagos y honores que la vida le negó a su hermano mayor. En el club victoriano tenía un ídolo: Oscar Gomez Sánchez. Lo observaba en los entrenamientos y en las competencias oficiales. Puede afirmarse que viendo accionar al ya famoso jugador, estaba modelando su estilo.
![]() |
| Perico León celebrando un gol, detras de él, Víctor Pitín Zegarra. Fuente: La República, 25 de enero de 1984, p. 4. |
Y vinieron los ascensos. Pasó al juvenil, después a la reserva y finalmente al cuadro superior. Su aspiración de niño la veía convertida en realidad. Desde 1961 su nombre comenzó a ser "comidilla" de la crítica y los hinchas aliancistas. Aun de las otras tiendas futbolísticas.
Muy pocos sabían de su trajín penoso para llegar al sitial ambicionado. Recordamos que una vez nos dijo: "He jugado desde infantil y si ascendí al plano estelar, ello se debió a los consejos de don Alfonso Souza Ferreyra. También debo recalcar que el desaparecido Rafael Castillo influyó mucho para superarme y progresar. Asimismo, en los instantes de duda y desmoralización, no supe aflojar. Al menos tuve la fuerza moral para sobreponerme y buscar la senda de la consagración. Eso es todo."
Los años fueron generando la imagen de un símbolo del club. Intuitivo y olfateando la conquista del gol, Perico León se convirtió en figura irremplazable de la ofensiva aliancista y las temporadas de 1962-63 y 65 le sirvieron para erigirse como el máximo artillero de los equipos campeones. Tiempos en que formaba el ataque con Te-nemás, "Pitín" Zegarra, Víctor Rostaing y el "Mono" Valle.
Acaparó legiones de partidarios en todos los rincones del país; abatiendo pórticos con sus jugadas geniales y la impetuosidad. en sus remates. Su juego personalísimo motivó el aplauso e hizo enronquecer las gargantas de seguidores como José Alberto Perdicci, Hermogenes Quispe, Carlos Sánchez, el colega Elver Ramírez Dueñas y el ahora abogado Manuel Terrones Hoyos.
En los partidos contra Universitario, rendimiento se elevó con la versatilidad de sus recursos y el ingenio para zafarse de la su marcación "pegajosa" de los rivales. Perico León se esforzaba mucho más y su producción opacaba a otros cracks de primera línea.
La fuerza para entrar al "área chica" le reportó ovaciones estruendosas. Precisamente cuando ya tenía como a Baylón, "Pitín" Zegarra, acompañantes Cubillas y "Babalú" Martínez.
En la temporada de 1969 era el mejor delantero centro. El 9 insustituible de la escuadra peruana. Brindó campañas brillantes y de nuestras retinas no se borrará jamás el gol que magistralmente le marcara a Cejas, después de recibir un pase de Chumpitaz. Un tanto ejecutado con la maestría de los auténticos genios del fútbol.
El tiempo iba pasando y llegó el momento en que abandonó las filas de Alianza Lima. Discrepancias con los dirigentes determinaron que Perico León tuviera un peregrinaje por el Tumán, Aurich y Municipal. Posteriormente viajó a Ecuador y Venezuela, jugando por el Barcelona y Galicia, respectivamente.
En los escenarios caraqueños puso fin a su carrera deportiva, luego de haber tenido una época refulgente en el club victoriano y haberse ganado la admiración de todos los hinchas, sin distinción alguna. Desde luego, se propuso triunfar en el deporte, y lo consiguió a expensas de su calidad como eximio goleador. En los momentos adversos no supo perder la calma y los afrontó con su valor anímico y sagacidad positivos.
*Varleiva (25 de enero de 1984). Perico. El último gran nueve peruano. La República, p. 27.



Comentarios
Publicar un comentario