Una de las glorias del fútbol peruano habla de su época. Don Cornelio, el memorioso
Cornelio Heredia, triunfador en el fútbol, también lo es en la vida. "Gracias a Dios", dice, mientras recuerda a quienes sólo conocieron la cara amarga de la derrota. Aliancista de corazón. Los hinchas del cuadro íntimo tienen que recordar que jugadores como "Chocolatín" Heredia, talentosos, construyeron la tradición del cuadro victoriano y sus triunfos con habilidad y picardía.
No recuerda los goles que hizo pero son once los hijos que tiene. Lo celebra hasta ahora. Claro, también hay tristezas: su hijo Félix, el mayor, falleció hace dos años.
Don Cornelio está entre amigos. Los compañeros del trabajo lo rodean en el diálogo. Nos acercamos. Don Cornelio tiene una sospecha, algunas arrugas marcan en su rostro cuando nos mira. Son pocas en realidad. "No lo son" parece pensar mientras saluda.
—¿De qué periódico eres tú?", me increpa.
—De La República— sostengo decidido.
—Entonces, Cornelio Heredia "Chocolatín", entiende que no está frente a un rival. No es momento de sortear contrarios, de hacer un amague y lanzar la pelota a pocos metros y correr después de la finta. No, ya no nos mira con la decisión de superar un foul artero, don Cornelio lo entiende y una sonrisa ilumina su rostro chinchano.
—Cómo está, Don Cornelio Hereria; le dice un hombre delgado, chofer parlamentario también, y se inclina hacia adelante y esconde los labios entre las manos ocultando una sonrisa de amigo. Cómo está, maestro...
Y entonces con el mismo impulso que lo hiciera famoso, Don Cornelio lanza una patada ficticia en el aire, con la fuerza de la broma. Y ríen como dos viejos amigos que son.
—Así como tú vienen varios periodistas. Se enteran de mi situación, yo te voy a ayudar me dicen, se enteran de mi situación y de allí no los veo más porque llenaron las páginas de sus periódicos, me publicaron y todo queda allí. Por eso a veces no quiero reportajes, no quiero nada porque comienzo a hablar de todos mis problemas, de hablar. Todo el mundo se entera, carajo. Y dicen, ya ve, está jodido. Y en mi casa cuando mis hijas ven el periódico dice: ¡papá pero usted cómo habla esto! ¡qué la casa, qué no se qué, qué no sé cuántos, todo el mundo se entera de sus problemas y nadie cumple con usted! Se enteran de mis problemas y creen que estoy jodido y no me gusta esas cosas pué...vivo tranquilo en mi hogar, nada falta, bueno la casa todavía es alquilada, pero así es la vida, tengo que vivir hasta que Dios quiera…”
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| Don Cornelio Heredia, famoso hombre del mediocampo, es ahora felíz en su trabajo, sonríe a la vida. Fuente: La República, 22 de marzo de 1987, p. 54. |
—Subimos al auto. Don Cornelio es chofer del senador Esteban Ampuero Oyarce, del APRA. El Toyota es de un amarillo pálido y se enrumba a Balconcillo. También don Cornelio viste de amarillo. El sol resplandece en este color que impera sin destellos. El conocido ex futbolista, integrante del Alianza Lima y las selecciones peruanas, ha confesado ante nosotros una historia que la ha vivido gracias a Dios, ¡gracias a Dios, hermano! tiene por qué agradecerle: tuvo al alianza y a su familia
—"Mis hijos saben todo lo que he pasado, cómo he jugado, cómo me recuerda la gente. Me dicen ellos, papá el Alianza te ha pagado mal...no, les digo, Аlianza no me ha pagado mal, yo no he sabido coblarle, es muy distinto. Me encariñé con la camiseta y no quise cobrarle al Alianza, pero no he tenido problemas con Alianza... desde antes, mira, cuando se terminaba mi contrato se la directiva, me llamaban, bueno Heredia queremos arreglar su contrato ¿cuánto quiere?...Yo les decía: acuerden ustedes cuánto me van a dar y yo estoy conforme. Ellos ofrecieron darme una casa cuando estaba el general Benavides de presidente pero no llegaron a cumplir conmigo, no les pedí nada tampoco. Cuando me retiré, la Comisión Nacional de Deportes me obsequió un terreno en El Agustino y ahí lo tengo sin construir, porque no tengo medios para hacerlo...".
—Este martes no tiene prisa. ¡Pasan tan largas las horas! Por el cabello tercamente ensortijado de Don Cornelio, se han agrupado rulos blancos que señalan imperturbables el paso de los 66 años de su existencia. Nos cuenta en el tercer piso del Congreso, donde tienen su local los choferes de los distintos parlamentarios, de su matrimonio a los 19 años, muchacho aún. Constanza Liduvina tenía en ese entonces 16 años. ¿Por qué se casaban a esa edad?
—Como no había otra diversión... además no pensaba que iba a venir a Lima. Si sabía que iba a venir no me caso, por la mandona...
—Y claro además de los doce hijos "tuve otros tres en la calle, pué". Cuando el otrora crack de fútbol nos cuenta este detalle toca con los dedos su ancha nariz, un amigo del trabajo ha escuchado sus palabras y otra broma vuelve a aparecer en nuestra visita: “Tío —le dice— ¿doce hijos? ¿no tenía televisor? No, responde Don Cornelio, "hubiera comprado periódico, pues". Esta vez como sucedería a cada momento, nos ha atrapado otra sonrisa.
—Un moreno como Don Comelio Heredia no puede dejar de olvidar su Chincha natal. Esta ciudad, el calor que la sofoca, lo vio jugar con sus primeras habilidades. Integraría un equipo de su tierra: "Los Bombones". Patuto Arana entrenaba ese equipo. "Al mismo tiempo yo trabajaba en la motadora de algodón, acomodando los fardos", recuerda el veterano chofer. Llegó a Lima en 1943 jugando por el equipo chinchano.
Volvería a Lima, después de pasar por otro equipo provinciano "Los Diablos Rojos de Chiclín", el año 46. Sería decisiva en su vida esa etapa, contratado para jugar por el Alianza.
—Me dieron cincuenta libras por tres años, sería llamado a la selección. A Alianza Lima lo traería Adelfo Magallanes, pero en la selección se volvería a encontrar con Patuto Arana. Tenía un carácter especial, "era bravísimo" y lo recuerda el Chocolatín de esos tiempos. "Era capaz de entrar al campo, corría atrás de un jugador de su propio equipo si cometía una falla...era bravísimo". Y en Alianza durante diecisiete años fue haciéndose gran jugador. Viajes, elogios, goles, fútbol, y más fútbol aún. Don Cornelio es ahora un hombre feliz, desde que llegamos a conversar con él los saludos y las bromas se dejaban ver. Y lo hacían con insistencia jaranera. Cuando hemos partido hacia su casa, la barra que impide el libre tránsito por la calle adyacente, al lado derecho del Congreso, no es levantada.
—Oye, alza la barra —reclama Don Cornelio— mientras frena lentamente.
—Miren —el hombre que controla la entrada hace un gesto con la mano y se dirige a los compañeros que lo rodean— el carro anda solo.
—Ya, sube la barra, pan comido—replica el otrora futbolista.
—Uno de sus hijos, el último, Roberto Martín, viene siguiendo las huellas de su padre. Entrena en estos días en La Joya, que prepara el gran Pitín Zegarra. Las más de seis décadas vividas por Don Cornelio han servido para aconsejar al muchacho, de 19 años de edad. "Yo le he dicho que se porte bien, que no piense que porque yo he jugado bien lo van a consentir, yo he hecho lo mío y que él haga lo suyo". Roberto Martín es fanático del Alianza Lima, y como el hermano fallecido, Félix, es el único continuador de la tradición "pelotera" de su padre. Otra de sus hijas Victoria (28), es bailarina de Perú Unión Santa Cruz que dirige Teresa Palomino, es también profesora de baile negroide en Monterrico. Mamá Liduvina no quiere posar para la foto y ella insiste; a mamá Liduvina no parece gustarle que la llamen por ese nombre:
—Porque tus ancestros te pusieron ese nombre pues—dice Victoria, bromeando a su madre.
—Don Comelio, sus hijos, la esposa, la familia feliz. "Gracias a Dios", acaba de decir otra vez más. Habla mucho de fútbol porque esa es su pasión. Magallanes, Perico León ('era buenazo"), Baylón, Pitín, Cubillas, Soul, Garrincha, Pelé.
“...Los periodistas llenan sus páginas, me publican y todo queda allí, y todo queda allí". La conversación se hace interminable y un periodista, Don Cornelio no quiere que todo quede allí. Se resiste, hasta el final….
*Páucar, Carlos (22 de marzo de 1987). Una de las glorias del fútbol peruano habla de su época. Don Cornelio, el memorioso. La República, pp. 54-55.



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