Félix Castillo. Contra cualquier defensa

Cuando Alianza goleó por 9 a 1 a Universitario, la gran mayoría de los aficionados pensó, por los relatos de los diarios, que esa abultada victoria y su consiguiente expresión de superioridad, no tenían mayor razón de ser que la debilidad de los vencidos. Y nada más alejado de la verdad. La defensa de Universitario con igual conformación a la que presentó en ocasión de esa goleada excepcional, había enfrentado a Tabaco y Chalaco con resultados que difícilmente harían pensar en una inferioridad manifiesta. Se le veía jugar mal a Universitario, es cierto, sin consistencia en sus líneas y con una desalentadora incapacidad en casi todos sus delanteros; pero fue necesario que enfrentara a un equipo de la fuerza colectiva y de la notable habilidad individual de Alianza Lima, para que la debilidad quedara tan al descubierto como lo expresan las cifras. Se argumentó, en tal oportunidad, que Аlianza no encontró rival por delante y que se trata de un cuadro superior. ¡Claro que es superior! El mismo score de 9 a 1 habla claramente de eso. Ningún otro equipo local, creemos, habría conseguido triunfo tan categórico. Aunque "no tuvo rival por delante", su exhibición de exactitud en los desplazamientos, de gran peligrosidad frente al arco y de inolvidable destreza personal, elevaban por sí mismos el mérito del triunfo. Por lo menos convendrán con nosotros los comentaristas de los diarios locales en que el 9 a 1 en partidos de primera división es algo excepcional en nuestro medio. El 9 a 1 lo había hecho Alianza, y, pese a estar convencidos de lo que vale el equipo y especial la delantera, esperamos ese encuentro con Sporting Tabaco que definiría el primer título del año.

El quinteto aliancista que bailó a Universitario en el 9-1. Fuente: Equipo

La defensa de los celestes llevaba consigo una referencia de primer orden: había sido la menos batida del Campeonato de 1948. Garagate; Castañeda y Quiñóñez; Cavero, Goyoneche y Condemarín, formaban, al igual que en el último torneo oficial, esa defensa que debía contener a la delantera de Alianza Lima. El compromiso era difícil, sin duda. Y no fué suficiente esa actuación extraordinaria del arquero, ni la seguridad de sus zagueros en la marcación, ni la tarea brillante cumplida en el primer tiempo por su línea media. Alianza ganó por 3 a 1. Es por eso mismo una confirmación de la capacidad que ya nadie le discute a la delantera de Alianza. Es lo que le faltaba a la goleada contra Universitario para convertirse en muestra de capacidad frente a cualquier defensa. El domingo la defensa de Sporting Tabaco jugó un gran primer tiempo, apoyando firme, cortando los avances en medio campo y actuando con magnífica seguridad en el área penal. Pero debemos convenir en que una defensa que basa su marcación en la capacidad física antes que en la habilidad, en la velocidad antes que en la superioridad individual, será superada a la larga, si las cosas se desarrollan con lógica y el equipo de más clase no cae en la irregularidad. No debe entenderse esto como afirmación de que los zagueros y los halves de Tabaco carecen de recursos técnicos. De ninguna manera. Lo que sucede es que esos recursos no llegan a igualar la destreza única —en nuestro medio y hablando en conjunto— de la delantera aliancista. Podrá haber un entreala derecho de más clase que Roberto Castillo o un puntero más peligroso que Vargas, pero se hace imposible señalar una delantera de club que se acerque medianamente a la reunión de esos cinco delanteros. Está demás, porque ya lo sabe toda la afición, decir que el quinteto de Alianza Lima es el más completo que ha tenido nuestro fútbol a lo largo de muchos campeonatos. La defensa de Tabaco no pudo contenerlo sino un tiempo, porque después se hizo presente el cansancio lógico de quien ejerce una marcación estricta y porque la velocidad de esos forwards fué la misma en los noventa minutos. Han triunfado, pues, frente a una defensa que, probablemente al lado de la de Municipal, es la más firme de estos momentos.

Muchas veces hemos hecho el elogio de Félix Castillo y de Víctor Pedraza; el de Juan E. Salinas, también, aunque ahora hay que sumarle a la capacidad del goleador un avance técnico de lo más meritorio. De Roberto Castillo, en una oportunidad duramente criticado y hasta desahuciado para ser jugador de fútbol, lo más que se puede decir —y ya es bastante— es que se va pareciendo paulatinamente a su hermano en juego y condiciones físicas. Y de y en Vargas, que su capacidad no lo reserva, como antes, para ser auxiliar y complemento de los otros delanteros, sino que ha llegado al punto en que se hace imprescindible. Sobre esas bases se funda el poderío de una gran delantera, que constituye la fórmula de la solución tantas veces esperada: armonizar lo eficaz con lo brillante, lo práctico con lo técnico. Ahí debería terminar este elogio, si no fuera porque basta un solo nombre para distinguir a la delantera aliancista: Félix Castillo. El cronista que esto escribe se permite dar una opinión personal que no tiene nada de aventurada y que es inevitable. Es la máxima distinción al hombre que es espectáculo por sí solo, que mueve maravillosamente la pelota y que hace goles memorables. Félix Castillo, seguramente el más grande jugador de los últimos tiempos.

*Equipo (24 de junio de 1949). Félix Castillo. Contra cualquier defensa. Equipo, p. 3.

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