Hugo Sotil. Con Cubillas formamos la “Dupla de oro”

Además, era otra cosa tener allí junto a uno a un entrenador que iba a estar al tanto de lo que hacía. No las tenía todas conmigo. Me parecía raro el canchón de Alianza, al que entrando nomás, al trasponer el portón, uno se encontraba con montículos de tierra y piedras.

Había que caminar entre la tierra para llegar al borde de la cancha de grama. Recuerdo que a un costado, había un cuarto hecho de madera, con una silla en la puerta de entrada. Era el lugar donde vivía el entrenador brasileño del equipo superior aliancista: Jaime de Almeyda.

Don Jaime era moreno y algo gordo. Era pausado y conversaba con suavidad. Lo vi muchas veces dialogar con el "Cholo" Castillo, además cuando dirigía las prácticas del plantel mayor.

Ese equipo aliancista era bueno. Cuando pasé a integrarme del todo a los juveniles y ya conociendo a todos en el club, casi siempre me quedaba a ver los entrenamientos de los grandes. Admiraba a "Pitín" Zegarra y "Perico" León.

Teófilo Cubillas y Hugo Sotil. Fuente: La República.

Bueno, pero sigamos con mi primer día. Castillo me puso en la misma alineación con Cubillas, Baylón, Reyes y Charum, pero primero nos hizo preparación física. Nos ordenó dar vueltas a la cancha y unos cuantos ejercicios.

Eso de dar vueltas no me cuadró mucho. Yo estaba acostumbrado a vestirme de corto, agarrar la pelota y meterme a la cancha a jugar horas de horas, sin hacer tanto preámbulo, y sin más ejercicio.

"A ver, ese nuevo, corra más rápido..." me gritó el "Cholo" luego de la segunda vuelta al canchón, Casi de inmediato, sentí que alguien de atrás me decía: "no te chupes y cumple, nomás". Era Cubillas que trataba de alentarme.

Después de tanto ejercicio comenzamos a hacer fútbol. Yo tenía que demostrar que valía y como me ha sucedido siempre, cada vez que arranco a jugar me olvido de todos mis temores.

El "Cholo" Castillo me puso de volante, aún cuando yo me sentía más cómodo como delantero pero ese puesto de ataque ya tenía un dueño: Cubillas.

Hice lo que sabía hacer, cabrear y meterme. Pero al poco rato sonó la voz fuerte del “Cholo”: ¡Sotil!

El juego que yo hacía era creativo, pero desordenado. Alguna vez escuché decir a un dirigente de Alianza que a mí tenían que agarrarme alguien para que no me descontrolara, ya que me quería cabrear hasta a los palos.

Era lo que se llama un tragabola y desde el comienzo, el "Cholo" Castillo me quiso hacer entrar en vereda. Lo fue logrando de a pocos, pero nunca llegó a quitarme del todo la costumbre.

Los días transcurrieron, así como los entrenamientos, y el trabajo en el negocio de Patrocinio y también el estudio nocturno. Patrocinio me daba permiso para que fuera a entrenar, en cambio en el estudio no era tan fácil, porque nunca fui bueno para las matemáticas.

Además, llegaba agotado a las clases de noche y a veces me ponía a cabecear, porque no aguantaba el sueño. Buenos palmetazos me gané por quedarme dormido en plena explicación de la raíz cuadrada.

Mi amistad con Cubillas fue creciendo, al mismo tiempo que nuestro entendimiento en la cancha. Estoy seguro que allí nació lo que los periodistas llamarían más tarde la "Dupla de oro".

Teófilo estudiaba entonces en la Unidad Ricardo Bentín y siempre andaba apurado para irse a su casa al acabar los entrenamientos, ya que tenía que enrumbar hasta Puente Piedra, donde vivía.

Desde entonces nos tratábamos de compadres y había algunas oportunidades en que nos íbamos juntos al cine, o salíamos a ciriar a las chiquillas del Isabel La Católica, aunque yo vivía templado de Guillermina.

Ya les dije que Teófilo, que entonces sí era un 'Nene", jugaba adelante y yo era volante. Creo que alimentaba bien a mi compadre y él la jugaba al toque conmigo. Hicimos cosas buenas en ese juvenil aliancista del 65.

Realmente fue un equipo muy bien conformado en el que Baylón y Eladio Reyes ponían su habilidad y Charum su fuerza, además de las diabluras nuestras. Campeonamos en ese torneo Juvenil oficial.

Fue mi primer título importante y mostré efectividad, porque marqué trece goles a pesar de ser volante. Cubillas fue sin lugar a dudas, la mejor figura y sería quien más rápido ascendería al cuadro superior de Alianza, pues al año siguiente, el 66, ya estaba debutando en Primera.

También Baylón, quien era bien grandazo y robusto y no parecía juvenil, al igual que Eladio Reyes, tuvieron su oportunidad en la máxima división ese año.

En un grupo de jugadores hay siempre diferentes maneras de ser y comportarse. Por ejemplo, Baylón era bien sobrado, mientras que el "gato" Eladio era bien tranquilo. Cubillas y yo éramos amigueros.

Pese al éxito que obtuvimos en el torneo juvenil del 65 y que a mi parecer rendí bastante, en Alianza no se mostró demasiado interés en arreglarme un primer contrato o para insinuarme que yo podría ascender al primer equipo.

A lo mejor como no era de "la color", o porque no se me había quitado del todo la costumbre de cabrear, no se me tomó más importancia.

Pero coincidió con cualquiera de estas razones, el hecho de que yo mismo decidiera irme de Alianza, para integrarme al Deportivo Galliard, que entonces estaba en la Segunda Amateur, y como ya les dije, su presidente era Patrocinio Eche.

Influyó en mi decisión el estar enamorado de Guillermina, la hija de Patrocinio, de quien me sentía cada vez más templado, porque la veía todos los días en mi trabajo. Por eso dejé Alianza y arranqué en el Galliard.

*Sotil, Hugo (21 de enero de 1982). Le di un baile a los negritos del Alianza. La República, p. 28.

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