Didí. Perico León ha sido el futbolista más inteligente que he conocido

Cuando Gregorio Martínez y Herman Schwarz esperaban a Didí: en el Sheraton, jueves en la tarde, el moreno. estratega ya había firmado con el Alianza en un almuerzo con Agustín Merino. Dieciséis años después, el Perú recuperaba al hombre que revolucionó su fútbol, solamente capitalizando la endiablada belleza de nuestro juego para tornarlo efectivo. Mucha gente esperaba a Didí en el hotel. Habían muchos micros y cámaras, y la curiosidad de siempre. El escritor Gregorio Martínez, Goyo para sus amigos, se armó de paciencia y le hizo la guardia. Lo que sigue, es cosa de negros. De muy buenos negros.

Definitivamente Waldir Pereira, "Didí", es harina de otro costal, mejor dicho: mandioca, mandioca carioca. Quebrado de cintura, pecoso, si, negrísimo y pecoso, echa diantre, Waldir Pereira no necesita pose alguna ni sobradera de ninguna clase para decir: yo mismo soy. Y es que resulta de otro lote, aunque los funcionarios del deporte lo soben con los manidos emplastos de "señor" y "profesor".

Fuma como un murciélago y se mete sus alcoholes con ganas, en buena compañía porque su mujer tampoco se queda atrás pues siempre viajan juntos.

—¿Marcación estricta maestro Didí?

—Yo amo a mi mujer y para todos lados vamos en pareja, como novios, aunque tenemos tres hijas.

¡Ese Didi Primero lo vimos paradito en el hall del hotel Sheraton a imagen y semejanza del negrito del vals peruano "Troquimoqui", pero no hablaba en marciano sino en un castellano mascado con portugués brasileiro. Después lo cateamos en el salón Las Américas del Estadio Nacional, machacándoles la lección mata burro, con puntero y tiza, a los entrenadores y técnicos del fútbol nativo.

Saquito de corte francés, con un solo botón, de lino color manteca, y corbata marrón y camisa blanca, así lo estamos viendo al lado de la pizarra, delante de un centenar de estudiosos de las tácticas del fútbol que toman apuntes. Cachito Ramírez, ex futbolista y ahora presidente de la Federación Peruana de Fútbol, escucha tranquilo. Alberto Gallardo, espigado y watusi, con terno azulino y corbata roja, espera afuera impaciente que termine la clase. Tienen un compromiso, una comida. Pero Gallardo no suelta prenda en casa de guión. No quieren perder ni un minuto, sin embargo nosotros sabemos que Waldir Pereira es harina de otro costal, no de aquellos que se salen por la tangente para no dar cara. Viaja al día siguiente a su patria, al Brasil pero no pierde la calma.

Flaço, más exprimido y menudo de lo que cualquiera podría imaginarse, Waldir Pereira no es de aquellos que se creen la divina pomada, sin embargo dice sin ambages lo que piensa.

—Usted ha venido a In despedida de Teófilo Cubillas y lo conoce bien. ¿Cuál fue la principal virtud del "Nene" como futbolista?

—La disciplina. Teófilo Cubillas fue un futbolista dedicado, y todo un caballero.

—¿Y cuál era su defecto?

—No tuvo defectos.

—Aquí algunos piensan que era un poco cobardón, que no metía el pie con fuerza cuando las papas quemaban. ¿Me entiende?

—Si le entiendo. No es cierto que el "Nene" fuera cobarde. Cubillas siempre ha sido un jugador valiente con mucho coraje. Pero se cuidaba porque no quería hacerle daño a ningún futbolista y que tampoco se lo hicieran a él.

—Nosotros pensábamos que más bien era un jugador inteligente, que le faltaba un poco de garra.

—¿Quién ha sido, entonces, para usted, cuando entrenaba a la selección, el futbolista peruano más inteligente?

—Perico León. Yo no he conocido futbolista peruano con mayor rapidez mental para resolver una situación en momentos culminantes. Era como un fósforo que alumbraba cuando todo parecía oscuro.

Pedro Pablo "Perico León". Fuente: ¡Arriba! Alianza

Cuando Waldir Pereira dijo aquello que puede parecer una ostensible quinceada, un equívoco catedralicio, inmediatamente nos acordamos de la lección ejemplar que le dio "Perico" al inefable Pocho Rospigliosi. Y sucedió así: 

Cada vez que Rospigliosi entrevistaba a un futbolista, aprovechaba para mandarse gratis su comercial: ¿Cuál es la pila Teofilo? Con la mayor inocencia el entrevistado contestaba repitiendo un slogan publicitario. Pero a cada chancho le llega su San Martín. Un día Pocho le lanzó la pregunta a Perico León y ahí se acabó la cantaleta. La respuesta instantánea del arisco victoriano fue: Cuál será pues Pocho.

Ahora estoy convencido que Waldir Pereira tiene razón, Perico León las pescaba al vuelo y la inteligencia se mide en la capacidad de las personas para resolver situaciones problemáticas, no en la instrucción que hayan recibido.

—¿Cómo es un jugador famoso, Didí?

—Yo siento que no me pertenezco. Pertenezco al cariño de mi pueblo y también a los peruanos que me quieren.

—¿Cuándo decidió jugar al fútbol como profesional?

—A los 14 años. A esa edad entre a un club de fútbol, asociado. A esa edad decidí que mi profesión iba a ser el fútbol y que entonces debía hacer las cosas bien.

—Es decir, inventar la hoja seca.

—Aunque sea. Pero esa manera de golpear la pelota para que salga torcida y con efecto comencé a practicarla desde niño, a los 8 y 9 años, cuando jugábamos con pelota de trapo. En Brasil todos los futbolistas de mi tiempo hemos jugado con esas pelotas que hacíamos con una media y trapos.

Waldir Pereira no pierde la calma, pese al asedio de los periodistas de la prensa, radio y televisión. Por él repartiría bola para todos, como en los tiempos del Botafogo o de la selección brasilera. Dominando el campo con la mirada, estirado su largo cuello de garza, oteando a los amigos y los enemigos y pum! bombeadita y torcida, en parábola que ni la geometría espacial podría explicar.

Sin embargo los dirigentes del fútbol peruano se impacientan rápido y pierden los papeles. Algunos ex futbolistas también, incluso el tan ponderado Alberto Gallardo para no hablar del Chito La Torre que metió las cuatro patas en un momento de acaloramiento.

—Dicen que si la selección peruana dirigida por usted en el mundial de México 70 le ganaba al Erasil, Waldir Pereira hubiera tenido que nacionalizarse marciano.

—Se hizo todo lo que se pudo.

—Pero hubo cambios sospechosos.

—A veces el fútbol es como una lotería,

—Pero no me va a decir que el fútbol no tiene lógica. Yo creo que el fútbol es el deporte más lógico que existe.

—Sí, siempre gana el mejor. Y en el mundial de México 70 Brasil era ligeramente superior que el Perú. Sí, yo también creo que el fútbol es muy lógico. Por eso es como la lotería que se la gana exactamente la persona a quien le tocó la suerte.

Es imposible alargar la conversación a pesar de la invalorable gestión del señor Cavero, periodista deportivo de La República y amigo personal de Waldir Pereira. Herman Shwarzt quema las últimas fotos. Ya ni siquiera es posible tomar notas. Basta con mirar y escuchar al maestro Didí, magistral en su lección de modestia.

*Pereira, Waldir (20 de abril de 1986). Perico León ha sido el futbolista más inteligente que he conocido. La República, pp. 34-35.

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