Varleiva. Don Adolfo llevaba en la sangre la estirpe gloriosa íntima
Adelfo Magallanes, fue considerado como el Rey de la Gambeta. Su dribling mágico lo elevó al pináculo de la fama y durante varios años convirtióse en permanente pesadilla de los defensores rivales. Brindó fútbol y conquistó aplausos por su maestría de jugador alegre y vivaz. Ayer nos dejó una de las últimas glorias de aquel añejo Alianza Lima de sus albores. Ahora sólo nos quedará su recuerdo.
Su figura morena se paseó por distintos escenarios del mundo y lo hizo con todo el portento de su indiscutible calidad. A su condición de magnífico dribleador agregó un ingenio personalísimo que naturalmente le bastó para salir airoso de las topadas más difíciles. Frente a la rudeza artera de los adversarios, "El Bólido" hizo prevalecer su desplazamiento estilizado; el fútbol retozón que lo había aprendido en las polvorientas canchas de Chacra Colorada.
En los campos de Chile brilló con sus jugadas maravillosas, sorpresivas y desconcertantes. Y con el magnetismo de. su gambeta dejó atónitos a los aficionados del país sureño. El hincha mapochino nunca se retiró defraudado porque Magallanes hizo despliegue de su habilidad para el desmarque y escondía la pelota con la magia de sus pies.
Sus primeros partidos fueron en el Unión Porvenir, Abel Delgado y el Betis, donde dejó entrever su accionar movedizo y acinturado. "El Loco" Julio Quintana lo llevó a las filas de Alianza Lima, jugando en el cuadro de reserva al lado de Víctor y Alejandro Lavalle, "Chevo" Ventura, Nitten y otros.
Sin embargo, su ascenso al cuadro superior no se le presentó Alberto Montellanos era el entreala derecho inconmovible y entonces tuvo que emigrar a otros equipos.
Lo vimos actuar en el Sportivo Unión y el Sport Progreso, pero íntimamente anhelaba volver al club de los victorianos.
Su sueño se hizo realidad cuando retornó al fortín aliancista para ocupar la plaza del "Hombre Culebra" que ya iba camino del ocaso.
Desde 1934 Magallanes figuró como titular en la ofensiva de los "grones", sobresaliendo por su desplazamiento señorial dentro del rectángulo verde. La crítica comenzó a crearle la aureola de un crack insuperable, ya que "El Bólido" no se dejaba amedrentar por los "guadañazos" de sus marcadores.
Al año siguiente viajó a las canchas de Chile para encandilar a los hinchas sureños con toda la majestad de su dribling enmarañado y desconcertante. Con el desaparecido José María Lavalle, formó una pareja de positivo rendimiento, brillando nítidamente en los encuentros frente a Colo Colo, Audax, Unión Española, Magallanes, Everton, etc. Defensores como Roa, Ascanio Cortez y Riveros, lo vieron pasar raudo con su esquive pinturero y endiablado.
![]() |
| Don Adelfo Magallanes y su familia. Fuente: La República. |
Carlos Guerrero (DON PAMPA) afirmó que "Magallanes era un diablo dentro de la cancha". Un elogio que premiaba la habilidad del player aliancista en pleno apogeo de su carrera deportiva.
Cuando concurrió a la Olimpiada de Berlín protagonizó performances cumbres. Magallanes, un genio para el manejo del balón, burló a los defensores finlandeses y austriacos con toda magnificencia de su juego prodigioso. Víctor Lavalle y el notable ciclista Gregorio Caloggero, nos afirmaron posteriormente que "El Bólido" resultó el cerebro reflexivo del ataque peruano y artífice del triunfo sobre Austria por 4-2.
En realidad, este negro con alma blanca, hizo diabluras en los campos de Alemania. Elástico y cimbreante tuvo la manija de una ofensiva imponente y donde alinearon cuatro ases de postin: "Campolo" Alcalde, Lolo Fernández, "El Maestro" Villanueva y "El Cholo" José Morales. Con su dribling estilizado destroncó a los gringos fieros y premunidos de una tendenciosa brusquedad.
Su figura de ébano estuvo presente en el Sudamericano Nocturno de Buenos Aires (1937) y en los Suramericanos de Lima (1939), Chile (1941) y Montevideo (1942). En los torneos mencionados puso de relieve su estilo inconfundible; vale decir, ese juego vivaz y electrizante que siempre generaba el aplauso espontáneo.
Magallanes impuso además su personalidad futbolística y se lució con otros matices que indudablemente lo convirtieron en un exponente genuino de la picardía criolla. Nunca estuvo estático dentro de la cancha y por el contrario hizo derroche de una vitalidad a toda prueba. Por eso alcanzó la dimensión de una figura inolvidable. Su desplazamiento fue visto y lo aplaudieron Eduardo Minaya, Alejandro Durand Medrano Quiroz y José "Pilo" Robles, ex jugador del Ciclista.
Doce temporadas ininterrumpidas jalonearon su permanencia en Alianza Lima. Su nombre figuró en la historia del club como uno de los grandes valores. Acaparó la admiración y la simpatía de todos los tablones, pero en la institución victoriana fue ídolo por sus propios cabales.
Su fidelidad a la casaca "blanquiazul" la exteriorizó cuando el equipo de los negros descendió de categoría. Después de haber jugado en escenarios majestuosos se puso la divisa "azul y blanca" para actuar en "ΕΙ Potao" y contribuir con su esfuerzo en pos del retorno al círculo privilegiado.
Así demostró su lealtad al club que lo lanzara a la fama. Y en esta empresa coadyuvaron “El Mago" Valdivieso, “El Maestro" Villanueva, Quispe, Morales y Bruzzon.
Al retirarse de las canchas ejerció funciones de director técnico. Trabajó en Alianza Lima, y bajo su batuta los íntimos conquistaron los títulos en las campañas de 1948-52-54 y 55. En la época del "Dorado" de Colombia dirigió el plantel del Deportivo Cali.
En el match final contra San Carlos del Callao, los hinchas más enfervorizados los pasearon en hombros y dieron la vuelta olímpica entre vítores y ovaciones a los autores de la hazaña
Magallanes alcanzó la dimensión de un ídolo. Como jugador ladino nadie pudo superarlo. Y nunca se mostró hosco cuando fue "blanco" de las intervenciones arteras. Al contrario, con su carácter bonachón se reía cuando los adversarios trataban de contenerlo con recursos vedados.
Su nombre ingresó a la mitología de los grandes ídolos aliancistas, bajo el influjo de su excelsa calidad y de sus variados recursos. Al irse de los campos nos dejó el recuerdo de un crack sin parangón. Poseedor de un dribling endemoniado y que durante su campaña balompedística le permite engarzar toda una cadena de triunfos, aplausos y ovaciones. Podría afirmarse que Magallanes hizo del fútbol toda una recreación para júbilo de la hinchada aliancista.
Fue un player ingenioso y habilísimo. Ahora que nos ha dejado sólo nos queda evocarlo como un crack en la cancha y un caballero en la vida. Por eso siempre lo recordaremos con admiración y respeto. Adelfo descansa en paz.
Varleiva (16 de enero de 1988). Don Adolfo llevaba en la sangre la estirpe gloriosa íntima. La República, pp. 33-35.



Comentarios
Publicar un comentario