El caudillo Velásquez

José Velásquez sigue manteniéndose en el pedestal de la idolatría popular y ocupa uno de los primeros lugares entre los cracks del momento. Resistiéndose al avance agotador de los años su nombre y su estampa futbolísticos se asocian con la fama de otros players como Olaechea, Oblitas, Cueto, Barbadillo, Diaz, etc. Además, su personalidad de notable jugador brilla por la fuerza y la clase que invariablemente ha exhibido en las diferentes canchas del mundo.

El famoso ex crack aliancista conquistó rápidamente una posición de privilegio, alcanzando la celebridad por su inestimable aporte en las selecciones peruanas. Por su entrega y tesón para defender la chompa bicolor, Velásquez emergió desde los cuadros juveniles como un valor de primerísima línea. Después llegaron sus nominaciones en el campo amateur y profesional; recompensas justicieras a una campaña verdaderamente brillante y que a su vez le abrieron las puertas del éxito.

Su juego fuerte y la marcación tenaz son las principales virtudes de este volante de la selección nacional. Sin embargo, no puede desconocerse que dentro del field impone su calidad y decisión para conjurar el peligro.

Su presencia en el mediocampo es también gravitante porque tiene dribling, velocidad y tranco largo para irse al ataque. Es uno de los caudillos de nuestro fútbol y se distingue como el marcador que constantemente obstaculiza al contrario; siguiéndolo por toda la cancha e impidiéndole respirar.

Su ciclo deportivo comenzó entre los juveniles de Alianza Lima. El “Cholo” Castillo lo vio jugar y pudo observar sus promisorios atributos. Velásquez en un club de tradición futbolística, fue elevándose a la categoría de un astro en potencia. En la campaña de 1969 integró el cuadro campeón y donde jugaban otros elementos valiosos como Cueto, Vilela, Barquero, Lazón, García, etc. Por aquella época actuaba como back central y descolló por su espíritu guerrero y la valentía innata en sus arriesgadas intervenciones.

José Velásquez.

Por sus recursos y excelente físico concurrió al Sudamericano Juvenil efectuado en Asunción, Paraguay, constituyéndose en uno de los mejores players del mencionado certamen. Posteriormente, en el Descentralizado de 1971 los críticos lo señalaron como una de las firmes y gratas revelaciones. El entrenador húngaro Lajos Barotti lo convocó para el Preolímpico de Colombia, donde alcanzó su consagración estelar.

Los progresos de este crack iban en ascenso y su presencia en los seleccionados se hizo imprescindible. Lo llevaron en la gira por los tres continentes e integró igualmente el representativo nacional que se clasificó campeón en el Sudamericano de 1975. Su juego efectivo y sus salidas con pelota dominada lo mostraron como un defensor implacable.

En las filas de Alianza Lima se admiraba su pujanza y el ardor para frenar a los rivales. Algunas veces extremaba su rudeza, pero jamás lastimó a nadie. Seguro y rápido para la contención su figura acaparaba el aplauso espontáneo y la ovación sostenida.

Durante las temporadas, de 1975-76-77 y 78 era ya un defensor maduro; un baluarte de innegables kilates. Con los íntimos supo de la emoción vibrante de tres títulos. Y como elemento importante integró los planteles que intervinieron en los mundiales de Argentina 78 y España 82. Los aficionados del exterior, pudieron apreciar la valía de un Velásquez, dinámico y veloz para incursionar en la zona de enfrente. Sus arremetidas a fondo creaban peligro porque con ambas piernas era capaz de mandar la pelota hasta el fondo de la valla contraria. Y sus potentes cabezazos eran amenaza para los arqueros de turno.

Con más de 15 años a cuestas está jugando con su despliegue característico. Al parecer no experimenta el peso de un prolongado trajín por las canchas. En la selección nacional lo vemos elástico, velocísimo y vigoroso para el ataque.

Velásquez es un crack por su capacidad y derroche de energías. Su fama ha traspasado los linderos sentimentales de las banderías partidaristas. Tiene admiradores incondicionales porque juega con eficiencia y posee intuición para cortar un avance o irse con rapidez a la zona rival.

Ha protagonizado grandes hazañas; performances notables que naturalmente generaron el regocijo de hinchas como Daniel Palomares, Julián Bernal, Gastón Campos y Alfieri Molzi. Estuvo soberbio en el Mundial de Argentina 78; brillante cuando eliminamos a Uruguay en el estadio Centenario; y recientemente fabuloso en los encuentros eliminatorios contra Colombia, Venezuela y Argentina.

Su toque maestro tuvo como epílogo el cabezazo certero y el shot violento que sacudió las mallas enemigas. En resumen, Velásquez es un jugador de temple y bravura. Un volante de fibra y garra. Temperamental y bravío por ese mismo afán de sacar airosos los colores de la Patria.

*Varleiva (14 de julio de 1985). El caudillo Velásquez. La República, p. 65.

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