Víctor Benítez o José Velásquez. Dos íntimos que van de la mano

Las comparaciones de cracks que habitualmente publicamos en nuestro diario están generando expectativa y motivando polémicas entre los aficionados al popular deporte. Ahora nos llega una carta firmada por los lectores Miguel Díaz, Manuel Huamán, Miguel Maraví y Moisés Salazar, quienes nos piden hablar sobre dos cracks indiscutibles de nuestro fútbol: Víctor Benítez y José Velásquez. Jugadores de garantía y solvencia técnica. Una petición bastante difícil, ya que el jugador de ayer y el de hoy figuran en la galería de los astros de excepción. Por su calidad y otras virtudes que los elevaron al pináculo de la fama. Los dos comenzaron de zagueros pero con el tiempo se convirtieron en volantes. El trasplante les fue beneficioso y así llegaron empinarse como elementos indispensables de las selecciones nacionales.

El "Conejo" Benítez surgió en la incubadora "aliancista", jugando entre infantiles y juveniles. En el cuadro de reserva, acusó progresos notables y fue ascendido al plantel superior; siendo después un digno reemplazante de Guillermo Delgado.

Su consagración en el Sudamericano de Buenos Aires (1959) le abrieron las puertas del profesionalismo extranjero; actuando con éxito en las filas de Boca Juniors. Entre los "xeneises" resultó un verdadero ídolo. Y en el Milán de Italia fue astro sin parangón.

Velásquez fue producto también de los "semilleros" del club victoriano. Primero jugó como zaguero central y después lo vimos marcando punta izquierda. Tuvo ascensos meteóricos porque en poco tiempo lució la bicolor en el Pre-olímpico de Colombia, y posteriormente integró la selección de mayores.

Indudablemente, el crack de otrora tenía calidad como para merecer el calificativo de un valor excepcional. Desde las divisiones inferiores enseñó su habilidad para triunfar en el fútbol; exhibiendo velocidad, fuelle y atraque.

Velásquez tuvo a su vez capacidad para jugar en el área chica. Quizás con algunos defectos que poco a poco los fue desterrando. Sin embargo, su espaldarazo estelar lo alcanzaría como un volante de garra y empuje gracias a su fuerte contextura. 

Víctor Benítez y José Velásquez. Fuente: Un Rincón Blanquiazul

Benítez nos pareció más rápido en la cancha. Su faena era bastante incansable; multiplicándose en el apoyo y quite con una asombrosa vitalidad. Velázquez despliega evidente dinamismo, aunque no es muy estilista para el manejo del balón. Empero, es luchador y marca con fuerza durante sus enfrentamientos. Su principal característica es que desempeña un laborioso trabajo en el sector medular. 

En sus mejores partidos, Benítez exhibía su gran dominio del balón. Cómo zaguero y volante demostró que era un jugador hecho para la función de neutralizar a los adversarios con su atraque preciso. A veces se confundía con sus delanteros en procura del gol. Velásquez no luce mucho dominio de la pelota, pero sabe tratarla con justeza. Los años de fútbol le han dado experiencia y ahora la juega en pared o "callejón". Y es peligroso cuando llega a la zona de enfrente por sus remates potentes. Asimismo, domina a la perfección el juego aéreo.

Al volante de la actual selección le reconocemos mucha fuerza en sus intervenciones. Su físico le permite actuar con mayor rudeza, y va a los choques sin temor y haciendo sentir su contundencia. Benítez metía pierna sin medir las consecuencias y los cronistas argentinos lo consideraban como un guapo del mediocampo, y nunca le retacearon su valentía para defender las posiciones extremas de Boca Juniors. En los fields italianos resultó un volante de contención; brioso, espectacular y rendidor.

Benítez no aflojaba ni aún cuando los triunfos estaban definidos. Subía y bajaba con su soberbio derroche de energías. Se le veía correr hasta los últimos minutos, disputando la pelota con vigor y destreza. 

El volante de la actual selección pertenece a la estirpe de los jugadores que casi nunca subestiman a los rivales. Velásquez lucha hasta el final de un encuentro y le sobra "agallas' para enfrentar a delanteros "rompedores" y hábiles para los desbordes.

Benítez tenía una peculiar viveza para frenar al rival. Una vez el colega chileno "Mister" Huifa afirmaba que "el Conejo" Benítez mostró toda la magnificencia de su juego en las huestes del Milán y fue "grande entre los grandes" En realidad, Benítez impresionaba con su técnica y variedad de recursos. Elástico, movedizo, encimaba a los rivales con su empuje arrollador.

Velásquez es un buen cabeceador. Su talla elevada le concede el handicap de mandar el cabezazo oportuno, sobre todo cuando la pelota viene por elevación desde la esquina del córner. Siempre recordamos ese soberbio "cabezazo" contra Irán, durante el Campeonato Mundial de Argentina-78.

En resumen, Benítez y Velázquez tiene un lugar preferencial en la historia de nuestro fútbol. En los años cincuenta, Benítez nos deslumbró con su tecnicismo, vigor, dinamismo y justeza en sus atraques. Velásquez es la figura estelar de nuestro mediocampo actual.

No se le puede negar méritos de un volante capaz, demoledor, de ataques incisivos, durísimo en la marca y con una personalidad de auténtico crack.

Varleiva (7 de mayo de 1982). Benítez o Velásquez. Dos íntimos que van de la mano. La República, p. 31.

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